gestióninformes

Todos vamos para viejos

El Congreso de la República acaba de aprobar una Ley que está encaminada a garantizar la protección del adulto mayor. La iniciativa quiere poner  fin a ciertos comportamientos que van en detrimento de la calidad de vida de las personas más vulnerables. Por eso con esta norma se ha dado un paso hacia una sociedad para todas las edades, lo que significa  ganar espacios sin discriminación por motivos de edad, género o estrato social.

Y es que nuestros adultos mayores, personas que han dado todo, que han cumplido un rol  muy importante en la sociedad, en muchos casos  están siendo abandonados por sus propios familiares, al  igual que se evidencian altos niveles de maltrato. Medicina Legal, reveló cifras escalofriantes al poner en evidencia que nuestros ancianos en casi la mitad de los casos han venido aumentando de manera sostenida en la última década. El lugar donde se producen la mayoría de las agresiones es el propio hogar y los principales maltratadores son: los hijos con 45,56% de los casos, los hermanos con 12,76% y los nietos con 5,57% de los reportes.

Al hablar de maltrato, violencia y abuso a nuestros ancianos, inmediatamente se asocia con una realidad oculta, una falta de conocimiento a los derechos que tiene una población tan vulnerable como es la de la tercera edad. La violencia que domina  la sociedad actual, es producto de la crisis que afecta a amplios sectores sociales e incluye dimensiones de tipo político, económico y social, donde las personas mayores en este contexto constituyen un sector frágil que es objeto de exclusión, sufriendo lo que se denomina violencia social reflejada en diferentes tipos de maltrato como lo son : Abuso Físico, psicológico, financiero, maltrato de tipo estructural , abandono, maltrato médico, negligencia y violencia cultural.

Desde mi óptica considero que una de las razones que origina principalmente el maltrato hacia los adultos mayores está dada por el deterioro de las relaciones familiares. Asimismo, el estrés del cuidador que puede derivar en abuso, especialmente cuando se trata de la atención de una persona enferma y dependiente que constituye una carga para la persona y principalmente cuando es escaso o de difícil acceso por razones económicas el apoyo por parte de otros de sus familiares o la misma comunidad.

La Ley 115 de 2015 Cámara y 126 de 2016 Senado, aprobada en el Congreso que refuerza las medidas de protección al adulto mayor en Colombia y penaliza hasta con ocho años de cárcel a quienes maltraten y abandonen a personas de tercera edad, es un avance de grandes proporciones que ayuda a  que la última etapa de la vida de los más viejos sea llevadera y digna y obliga a las familias a devolver lo que en otros momentos ellos recibieron de quienes ya se encuentran en la última fase de sus vidas.

La tercera edad hace parte de una población frágil y vulnerable que se ve arbitrariamente afectada por una sociedad influenciada por el bien propio y el egoísmo, una sociedad intolerante donde la falta de amor por el prójimo es comidilla del día a día.

Quiero mencionar a un dirigente comunitario de Neiva, José Antonio Cruz, un hombre que ha demostrado un trato especial hacia su madre. José Antonio la cuida,  le brinda las atenciones y la trata con un cariño bien especial, algo que todos los seres humanos debiéramos hacer  con nuestros viejos. El amor, el buen cuido son maneras de retribuir lo que ellos durante sus años  productivos hicieron por nosotros y es por esa razón que esta Ley es una herramienta que estoy segura contribuirá en mejorar su calidad de vida.

De acuerdo con un estudio realizado por José Luis Diago Franco, jefe de la división de patologías crónicas y degenerativas del Ministerio de Salud, la ausencia de políticas sociales y planes de salud en favor de las personas ancianas ha imposibilitado la creación de programas que garanticen la atención integral del anciano, a pesar de los esfuerzos del Ministerio y algunas entidades públicas y privadas. Según cifras del Ministerio de Salud, el 87 por ciento de los ancianos carece de seguridad social; 41 por ciento vive en condiciones de miseria en áreas marginales de los centros urbanos; 42 por ciento no tiene ingresos y 39 por ciento ejerce oficios en hogares, pero lo peor está en que el 11 por ciento vive en tugurios y 35,5 por ciento es analfabeta; como se puede apreciar ante este panorama lúgubre, esta Ley que espero sea sancionada prontamente, es un bálsamo que abre esperanzas de un futuro mejor, incluso para nosotros mismos, porque todos vamos para viejos.